2 cosas que no sabe sobre los libros electrónicos

LIbros Electronicos

Se suelen oír maravillas acerca de los libros digitales. Son livianos y fáciles de llevar, dan la posibilidad de consultar diccionarios con solo hacer clic y guardan cientos de textos que siempre se pueden tener a la mano. Sin embargo, se ha descubierto que algunas características de esta tecnología podrían ir en detrimento de la calidad literaria de los libros que se publiquen en un futuro, y se ha empezado a comprobar que la lectura en papel es más beneficiosa para los lectores.

Según un artículo reciente del Wall Street Journal, los libros electrónicos lo saben todo. Saben cuánto se demora una persona en terminar un libro, en qué capítulo se detuvo, cuántas páginas se alcanzan a pasar en una hora y cuáles son los párrafos que se subrayan. Esta información se ha vuelto muy importante para los editores, pues de esta forma pueden conocer en detalle el perfil de los lectores y planear estrategias para seducirlo.

Antes de que llegaran los libros digitales, las editoriales solo podían medir el éxito de un libro a partir del número de copias vendidas, pero ahora tienen muchas más herramientas para saber qué tanto le ha gustado una obra a un lector y qué es específicamente lo que está buscando. “Si el 90% de los lectores dejan de leer después del quinto capítulo, el editor y el autor tienen una idea muy clara de la forma en que el libro ha sido recibido”, explica Todd Humphrey, ejecutivo del portal de libros electrónicos Kobo.

Según los datos recopilados por portales como Amazon y Apple, libros como Los juegos del hambre o Cincuenta sombras de Grey generalmente son leídos rápidamente y, al terminar, el lector pasa de inmediato al siguiente libro de la trilogía. Por el contrario, hay otras obras que el lector lee por 15 o 20 minutos y luego las abandona, estos textos suelen ser de no ficción. Dentro de esta información se ha encontrado que la frase más subrayada  en la historia de los libros electrónicos ha sido “Porque algunas veces las cosas le pasan a la gente cuando no está preparada para enfrentarlas”, de Los juegos del hambre.

Según Humphrey, Kobo está empezando conversaciones con las editoriales para compartir esta información. “La idea es asesorar a nuestros colegas para que, por ejemplo, conozcan en qué capítulo de qué libro los lectores están abandonando la lectura”, explica.

Aunque los editores están felices, los escritores no están convencidos de que estas mediciones sean tan beneficiosas. El autor inglés Melvin Burgess asegura: “Me causa fascinación la idea de saber cómo lee la gente mis libros, quién los lee y cuándo. Pero hay un peligro en el asunto: empezar a responder siempre a lo que quieren los lectores”.

Si los autores solo escribieran lo que los lectores piden, las librerías estarían repletas de best sellers. Obras al estilo de “Los juegos del hambre” se venderían por montones, y Tolstoi y Kafka se quedarían en los estantes. Se sacrificaría la calidad literaria por las necesidades del mercado, luego de un proceso en el que la privacidad del lector sería invadida para sacar cifras y determinar qué es lo que busca en un libro.


Las ventajas del papel

Quienes han desarrollado aparatos como el Kindle aseguran que su pantalla está creada con herramientas de última tecnología y que, por lo tanto, leer en un libro electrónico es tanto o más cómodo que leer en papel. Sin embargo, los últimos estudios sobre el tema han revelado que existen diferencias y que leer en el papel puede resultar más beneficioso para los lectores.

Kate Garland, académica de la Universidad de Leicester en Inglaterra, es una de las pocas científicas que ha trabajado el tema y ha descubierto lo siguiente: al bombardear a las personas con información desconocida a través de libros electrónicos, les cuesta más trabajo memorizar lo que leen, así que deben repetir la lectura una y otra vez. Es decir, es más difícil retener información cuando se leen libros digitales.

Adicionalmente, se comprobó que aquellas personas que leen en papel no solo recuerdan lo que leen, sino que realmente lo comprenden. Contrario a lo que ocurre con los lectores de libros digitales, que requieren varias repeticiones para llegar al grado de aprendizaje de los otros.

Según los estudios, entre más pequeña es la pantalla, es más difícil memorizar los contenidos, así que lo menos conveniente es leer en celulares. Además, se ha comprobado que la gente lee con más lentitud en los dispositivos electrónicos que en los libros impresos.

A partir de estos estudios, se ha empezado a creer que la gente debería recurrir a los libros físicos cuando se vayan a analizar ideas y conceptos complejos que sea necesario integrar con profundidad en la memoria.

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El Pulitzer Richard Russo odia el libro digital

Richard Russ

Su nueva obra, «Interventions», solo estará disponible en formato impreso y será «como un libro de los de antes»


Richard Russo no es uno de ellos. Porque últimamente muchos autores creen que han encontrado la horma de su zapato en las nuevas tecnologías, la venta por Internet y el libro electrónico. Para ellos, es la mejor (y generalmente) más barata, directa y multitudinaria forma de darse a conocer y tener ese público millonario con el que siempre soñaron.

Pero Richard Russo, Pulitzer del 2002 (por su novela «Empire Falls»), y uno de los novelistas (y guionistas) más cotizados hoy en los Estados Unidos no es como decíamos uno de ellos.

Russo se ha puesto en plan numantino y ha anunciado que su próxima obra, «Interventions» no se venderá como eBook, como libro electrónico. Russo asegura que así quiere rendir «homenaje al libro impreso» y de paso que los libreros locales también salgan ganando, ya que anima a sus posibles lectores a que deserten de la patria digital y vuelvan a la librería de la esquina.

No solo de pan digital vive el hombre

Es más, el escritor asegura que no solo del pan digital vive el hombre. «Ningún lector puede sobrevivir tan solo con libros electrónicos», ha señalado a Associated Press. Más adelante, añadió que «el rápido crecimiento de la venta de eBooks y la venta a través de Internet de libros impresos constituyen una amenaza para los libreros, las empresas editoriales y los nuevos autores».

Para defender su tesis, Richard Russo ha decidido publicar su nuevo libro con mimo y con detalle. Su hija Kate, pintora, y su yerno Tom Butler, se ocuparán de las ilustraciones y el diseño de los cuatro tomos. Cada uno de ellos consiste en una caja que incluye tres cuentos y una novela corta con dibujos de Kate y una cuidadísima impresión.

La edición le ha sido encargada a una empresa local, Down East Books, cercana a la propia casa de Richard Russo, en la localidad de Camden, en Maine, al noreste de los Estados Unidos. Russo también ha destacado que quiere devolver al lector la sagrada experiencia de encontrarse «ante un libro libro, un libro de los de antes».

Adictos a las venta online

Para el novelista, este tipo de iniciativas se enmarcarían en el creciente rechazo que algunos sectores están empezando a sentir ante las compras de libros en Internet, que convierten al lector en una especie de adicto a las teletiendas.

No es la primera vez que Russo se lía la manta a la cabeza de la edición digital. A finales de año ya criticó los sistemas de verificación de precios de Amazon, que según él inducen claramente a la compra de libros en formato digital. En cualquier caso, la edición impresa de estas «Interventions» está a disposición de cualquier lector en la página de amazon. En formato impreso, eso sí.

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El préstamo de libros digitales, ¿una nueva forma de marketing editorial?

Parece que a los editores podría salirles doblemente rentable el préstamo de libros digitales, ya que a los ingresos obtenidos por el préstamo pueden añadirse otros procedentes de la venta derivada de dicho préstamo, una tendencia que Amazon dice haber detectado en los usuarios Kindle.

Kindle Owners’ Lending Library es más un servicio de suscripción con limitaciones que un servicio de préstamo. Forma parte del paquete Amazon Prime, una opción “premium” para los usuarios que deseen un trato preferente y estén dispuestos a pagarlo. Por 79 $ al año, Amazon da a estos suscriptores una serie de ventajas en el envío de sus comprar, a las que añade la posibilidad de ver películas en streaming sin límite (y de comprarlas) y de leer gratuitamente un libro a elegir al mes (y comprarlo).

El pasado enero, tres meses después del lanzamiento del servicio, Amazon hizo públicos unos datos que sorprendieron a muchos: los propietarios de un Kindle suscritos a Amazon Premium que leyeron al menos un libro a través de KOLL compraron un 30% más que los propietarios de Kindle si este servicio.

Según Russ Grandinetti, director de contenido Kindle, esta tendencia se observa sobre todo en las series. Por ejemplo,

el 19% de los que leyeron el primer libro de la trilogía Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, compraron el segundo libro en vez de esperar a que transcurriera el plazo para poder leerlo en préstamo [sólo se puede leer un libro al mes]. Es más, el 19% también compró el tercer libros de la serie.

Así pues, los editores estarían ingresando (en función de su acuerdo o no-acuerdo con Amazon) el precio completo o parcial del libro cada vez que éste es prestado, y además podrían obtener más ingresos por la compra de otros libros generada por este préstamo.

Si atendemos a otras experiencias similares —como la de Bloomsbury, que regala a sus lectores precuelas de sus series infantiles antes de lanzarlas—, parece que esta nueva forma de marketing sería exitosa sobre todo con las series de libros: se trata de crear en el lector la necesidad de leer más y lo antes posible, lo que lleva a la compra de los libros.

Con este argumento, los directivos de Amazon han convencido al CEO de Pottermore, Charlie Redmayne, para que permita el préstamo de los libros de la serie de Harry Potter a través de KOLL (Kindle Owners’ Lending Library), el servicio de préstamo de libros digitales de Kindle.

Es un acuerdo comercial que tiene mucho sentido incluso con un nivel de canibalización de mis ventas, pero creo que acabará suponiendo ventas mayores.

La forma en la que se ha estructurado el acuerdo significa que las ventas perdidas no se compensarán. Habrá algunos que tomarán prestados los libros de Harry y luego no los comprarán, pero Amazon nos paga mucho por ese derecho, por lo que es un buen acuerdo comercial.

Tendremos que esperar unos meses a tener datos, pero sabiendo que la serie de J.K. Rowling es un de las más prestadas en bibliotecas —según OverDrive— el éxito parece estar asegurado.

P.S. Por si alguno andaba con ganas de suscribirse, Kindle Owners’ Lending Library es un servicio sólo disponible en EEUU.

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Hello Hellobook!

Hellobook nace con el objetivo de experimentar dentro del del diseño editorial para tablet, analizando patrones de experiencia de usuario, proponiendo nuevas formas de entender los contenidos. Diseñando, proyectando y produciendo publicaciones, revistas y libros interactivos enriquecidos en forma de App.

Somos conscientes de que la revolución del libro digital no ha hecho mas que comenzar, y de que hay muchas cosas por hacer. ¿Y tú te apuntas? ;) hellobook.es @hellobook_

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Kindle ya es un verbo: nace el ‘kindling’ o el ‘kindlear’

Kindle Touch g

Ayer no fue el típico Día del Libro en España. Algunos pueden negarlo y considerarlo una exageración, pero ya no hay vuelta atrás. Los ‘e-books’ o libros digitales han llegado para instalarse en nuestro día a día y convivir, sin canibalizar, con los libros de papel o tradicionales. Al menos ese fue el mensaje que Amazon.es quiso lanzar ayer en el tradicional Sant Jordi.

La compañía desmbarcaba en España el pasado septiembre y en diciembre lo hacía su dispositivo electrónico de lectura Kindle. Ayer Gordon Willoughby, director de Kindle Europa, y Koro Castellanos, responsable de Kindle en España, hablaban con lainformacion.com para contar un poco más sobre estos meses de andadura.

¿Creeís que Amazon ha contribuido a la “democratización” de la literatura, por decirlo de alguna manera?
“Pensamos que hemos contribuido sobre todo a la accesibilidad porque ahora cualquier autor que sube los libros a KDP (nuestro sistema de autopublicación) puede venderlos no sólo en España si no en un montón de países en todo el mundo”, decía Willoughby.

“Por ejemplo, en el Reino Unido hay zonas que no cuentan con buenas librerías y Amazon ha conseguido que 24 horas al día desde tu cuarto de estar puedas encargar los libros que quieras. Con Kindle hemos conseguido lo mismo, hemos ampliado el alcance de todos esos autores que están buscando nuevos lectores en otros países, pero también que gente de un país tenga un acceso más fácil a su propia literatura”, añadía.

¿Se ha convertido Kindle en el sinónimo de e-reader?
[Por un momento, el director de Kindle para Europa parece dudar] “No lo sé”, confesaba finalmente. “Aunque en Reino Unido ya se han inventado el verbo ‘kindling’ (que vendría a ser como ‘kindlear’), y que describe cuando estás leyendo mucho rato en tu Kindle, así que entonces es que sí se está convirtiendo en una palabra que define en sí misma un libro electrónico”.

¿Os ha sorprendido la acogida que ha tenido en España?
Willoughby con certeza: “Sí, ha sido mejor de lo que esperábamos”.

Generación Kindle, ¿existe de verdad?
“La ‘generación Kindle’ ha surgido de una manera espontánea. Son ellos mismos los que se han bautizado como ‘generación Kindle’ y nos encanta la idea porque en realidad son gente que ha empezado a publicar sus libros a través de KDP, que es nuestro sistema de autopublicación, y en el que han encontrado la herramienta que les hacía falta para darse a conocer y también los lectores suficientes. Están encantados de poder utilizarla, y de la misma forma nosotros estamos encantados de haber podido ofrecérsela y ayudarles a cumplir su sueño”, afirmaba Koro Castellanos.

¿Qué perfiles se dan en esta ‘generación Kindle’?

“Yo creo que hay tantos tipos de perfiles como libros publicados”, decía la responsable de Kindle en España. “Por un lado tenemos a la gente que ha intentado publicar un libro anteriormente y no lo ha conseguido porque las editoriales se lo han rechazado. Por no dejar un manuscrito en un cajón han sido osados y se han lanzado a la palestra”.

“Por otro lado están autores consagrados que tienen libros que ya no son posibles encontrarlos en las librerías porque están descatalogados y lo que quieren es resucitarlos y darles una segunda oportunidad, e incluso también publicar novelas inéditas como en el caso de Ignacio Carrión. También se da el caso de escritores que han publicado en papel y que simplemente quieren probar la aventura digital a ver qué tal les va”.

“Estoy citando los casos más obvios, pero estoy segura que la casuística que hay detrás depende de todo tipo de condición”, señalaba Castellanos.

¿Es necesaria la crítica literaria de las publicaciones digitales?
Willoughby: “Estamos encantados de que los críticos contribuyan pero no los diferenciamos. Nosotros creemos en la idea de que los lectores, que además son una de las características fundamentales del ‘site’, tengan la posibilidad de comentar el libro, de decir qué te ha parecido, incluso de hacer un posible resumen. Si los críticos literarios se suman, pues perfectamente bienvenidos”.

Los primeros meses de la llegada de Kindle a España se veía un número considerable de mujeres de 40 a 60 años con su dispositivo en el metro. ¿Habéis analizado esto?
“No hemos notado esto, pero pensamos que las personas mayores, con 60 años por ejemplo, tienen la facilidad de cambiar la letra de tamaño y es posible que les entusiasme. Lo que sí hemos notado es que hay un alto consumo en la playa porque puedes leerlo a plena luz mientras con las ‘tablets’ esto no es posible”, afirmaba el responsable para Europa.

¿Se está convirtiendo en una herramienta “necesaria” igual que pasó con el teléfono móvil?
“Sí, porque si te gusta leer quieres uno. Además, que tengas un ‘tablet’ no significa que no puedas tener además un Kindle”

¿Estáis haciendo mejoras? ¿Preparáis algo nuevo?
Koro Castellanos: “Sí constantemente, somos una compañía tecnológica, así que hacemos mejoras constantemente”. “De momento no podemos anunciar nada”.

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FILBO reflexiona sobre la influencia de la tecnología en los libros

FILbo

Estamos a tan solo dos días de comenzar la versión número 25 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, más conocida como FILBO, y en ella habrá un espacio para todos. Eso incluye a los ebooks y todos los componentes tecnológicos que están  cambiando la forma en como las personas se acercan a los libros y al conocimiento.

El programa, que se dio a conocer la semana pasada, tiene como invitado principal a Brasil, y este es el momento en el que quienes quieren asistir a las dos semanas del evento comienzan a hacer planes. ¿Qué es a lo que vale la pena ir si está interesado en ver un poco más sobre libros y tecnología? Estas son nuestras recomendaciones.

Encuentro Internacional ‘Todo comienza en un libro…’

Este será el plato fuerte para los interesados en cómo afecta la tecnología a los lectores. Todo comienza en un libro…‘ es una reflexión sobre la influencia del cine, la televisión, el desarrollo de muchos de ellos para tablets y smartphones, la edición y el marketing digital. Estos temas hacen que exista la necesidad de sentarse a hablar de ello.

El 19 y 20 de abril se llevará acabo este encuentro internacional, y durante estos dos días se hablará de temas como libros y nuevos medios como videojuegos; los ebooks y la industria editorial; y hasta de SOPA, PIPA y Anonymous en medio del derecho a la información.

Los eventos a los que hay que asistir.

Con dos semanas, hay algunas conferencias que valen la pena y que puede ser el complemento perfecto para informarse sobre estos temas.

  • Un viaje optimista por el futuro, Mark Stevenson: domingo 22 de abril, 6 p.m. El autor muestra su ‘libro de ciencia’ que parte de una inquietud sobre las posibilidades de la tecnología.
  • El lugar de la crítica, Luis Fernando Afanador y Miguel Sanches con Nicolás Morales: lunes 23 de abril, 6 p.m. Analizarán qué papel tiene la crítica del libros ahora que se encuentran diferentes reseñas en Internet.
  • El oficio del editor, Valerie Miles, Aurelio Major y Marcelo Ferroni con Margarita Valencia: lunes 30 de abril, 7 p.m. Se hablará sobre como asumir qué deben leer las personas cuando la mayoría está inmersa en Internet.

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Coexistencia Pacífica

Coexistencia Pacifica

Por: Joaquín Mattos Omar

Si en el debate sobre el libro impreso vs. el libro electrónico (formulado así, en forma sucinta y con resonancias deportivas), resultan de interés los simples testimonios de los lectores, he aquí el mío: yo, que no soy un nativo digital, me he adaptado sin el menor inconveniente a los e-books. De hecho, en el disco duro de mi Mac tengo una biblioteca que, si bien no iguala todavía en número de volúmenes a la otra –la que conservo en estanterías de madera–, va creciendo en forma gradual.

Pero tampoco soy un friqui de este moderno formato. Y llego aquí a uno de los puntos de la cuestión que me llaman la atención. No entiendo por qué los entusiastas del libro digital le dedican tanta energía a su amor por este soporte como a su odio por el libro impreso. Pareciera que en su caso ocurrieran dos cosas: una, que no son amantes del libro en cuanto tal, con independencia de su soporte; y dos, que más que acoger y defender el libro digital, lo que quieren es combatir a toda costa el libro impreso hasta verlo desaparecer por completo de la faz de la Tierra. Creo que ese furor no es digno de ésa ni de mejores causas.

Dado que en este debate han tomado parte ya las mentes más lúcidas de nuestro tiempo, tenemos claras cuáles son las ventajas relativas (o diferenciales) de uno y otro soporte. Y entre ellas, hay unas cruciales que han sido señaladas por Umberto Eco: el e-book supera al libro de papel en capacidad de difusión (puesto que puede distribuirse a través de Internet), pero el segundo supera al primero en capacidad de preservación del contenido.

A este respecto, Eco nos recuerda que en algunas bibliotecas de Europa se conservan libros con 500 años de antigüedad y manuscritos que datan de hace mil años; en cambio, observa también el semiólogo y novelista italiano, de todos los soportes digitales utilizados hasta ahora para almacenar información, “o bien sabemos que son rápidamente perecederos  o bien no sabemos todavía cuánto durarán,  y probablemente nunca lo sepamos”. ¿Podrá la memoria de un e-reader o una memoria USB durar 500 años? Hummm, quién sabe.

Creo, por eso, que el libro de papel y el digital deben alcanzar un estado de coexistencia pacífica, pues es lo que más le conviene a la humanidad. Es, además, lo más justo para las distintas clases de lectores que existen, quienes podrán ejercer su hábito cada cual a su manera. Sabemos que los hay que gustan de leer de manera sucesiva, lineal, ajustados a un pensamiento intencionado, y que no toleran, por tanto, que nada los distraiga del curso fluido del texto, ni siquiera una anotación de pie de página; ahora sabemos también que los hay que, en lugar de leer a la manera clásica, prefieren navegar por el texto (o mejor, por el hipertexto), haciendo a cada tanto interrupciones para seguir todos los enlaces que sean posibles, de un modo tal que suele rayar en el vértigo.

Pienso, en definitiva, que el soporte puede ser cualquiera y que lo importante es preservar la escritura; y con esta, los textos; y con los textos, los diferentes géneros en que estos se han organizado. Dicho de otro modo, lo importante es preservar los poemas, los cuentos, las novelas, los aforismos, las crónicas, los ensayos (literarios, filosóficos, científicos), las tesis. El soporte… bueno, si no tenemos más remedio que escribir el poema en una roca o en la corteza de una ceiba, allí lo escribiremos.

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Bye bye, book

Cajas de libros

Por: Efraim Medina Reyes

Dentro de algunas semanas se publica mi nueva novela cuyo título es Lo que todavía no sabes del pez hielo, así que el tema del libro y su futuro, objeto de este artículo, me viene como anillo al dedo. Hace veintidós años, cuando empecé a escribir con cierta regularidad, no me planteaba este oficio como opción de vida, era simplemente un modo de expresar mis malestares, pero tenía claro que debía vivir de cosas concretas como graduarme de médico o montar un bar de rock en el centro histórico de Cartagena.

Por razones que no vienen al caso mi proyecto de ser médico se hundió, y poco más tarde, tan solo tres meses después de haberlo inaugurado, tuve que cerrar el bar que iba a hacerme millonario. Me quedé sin título, sin bar, sin novia y con pocos amigos, y no me quedó otro remedio que refugiarme en mis poemas y relatos. Sin embargo, debieron pasar muchos años para que mi pasión por escribir se convirtiera en una solución económica.

En el 2002, hace diez años, publiqué por primera vez en un sello profesional y ya por entonces se decía que el libro en su forma tradicional estaba en plena agonía. Por suerte la agonía ha sido más larga del previsto y las vitrinas de centros comerciales, almacenes de cadena, aeropuertos y, por supuesto, las librerías y bibliotecas siguen hospedando a este enfermo que se resiste a morir.

Borges, que quizá sea el ser humano que más ha amado los libros, decía que todas las cosas que existen son extensiones e imitaciones de la naturaleza humana, por ejemplo el teléfono es una extensión del oído, y la cámara fotográfica, de la vista, etc., etc. Para él el libro es la única cosa agregada al mundo y por esto lo asumía como el más imprevisto y leal compañero de nuestra aventura en los confines del Universo. Lo cierto es que la batalla entre el libro tal y como lo hemos conocido y sus réplicas virtuales sigue abierta. Cada día se escriben muchos artículos al respecto y en la mayoría impera el pesimismo y la resignación. ¿De verdad es tan oscuro el panorama?

En 1999 el libro en su formato clásico fue el objeto más vendido por Internet en USA, con un porcentaje del 11%. En ese momento los libros habían superado incluso a los programas informáticos (10%) y la venta de CD musicales (8.7%), toda la alharaca de la muerte del libro había quedado en veremos porque quien debía ser su asesino había contribuido a su difusión y renovado la pasión humana si no por la lectura al menos del libro como objeto, regalo, elemento decorativo, etc., etc. La pregunta es qué ha sucedido desde entonces y, como ya sabemos, la respuesta todavía es incierta.

El libro de papel sigue vigente, y no vayan a confundir libro con literatura, me refiero a todas las manifestaciones humanas que encuentran una forma de expresión a través del libro y que, a pesar de las cada vez más sofisticadas nuevas tecnologías, siguen aferradas a él. Como si las palabras, esas partículas visibles de nuestra mente, solo se sintieran a gusto grabadas sobre aquella fibra de origen biológico. El dilema es cuánto más podrá estar a flote en las turbias aguas de Internet ese barco de papel que es el libro y en qué momento vendrá devorado de ese escualo terrible llamado E-Book, Kindle y demás criaturas electrónicas por el estilo.

Un dilema aún mayor es qué consecuencias tendrá para el aprendizaje y el pensamiento humano esta revolución. Porque es muy probable que el cambio de formato tenga una influencia definitiva tanto sobre la dinámica de nuestro pensamiento como la forma de expresarlo, y de este modo estaría en juego el lenguaje y todo eso que todavía llamamos comunicación, incluyendo, cómo no, las sensaciones, los sentimientos y por ende la percepción del mundo y de nosotros mismos.

Hay quienes ya afirman que la revolución del libro digital estará acompañada de mutaciones genéticas. Según ellos, nuestro cuerpo seguirá el rumbo de nuestra mente para adaptarse a esta nueva realidad, esto equivale a decir que con el libro de papel se irán también nuestras fantasías y estilos de vida. Quizá al pensarlo en frío parezca imposible, pero basta dar una mirada al reciente y remoto pasado para saber que no son simples especulaciones.
En unos cuantos siglos pasamos de los manuscritos propiamente dichos a la invención de la imprenta con sus lógicas consecuencias, y ahora estamos abocados al libro digital.

Así como la llegada de la imprenta cambió para siempre nuestro modo de aprender y expresarnos, es normal que las nuevas tecnologías nos deparen grandes sorpresas, lo curioso es que tantos analistas no lo sientan como la democratización de la conciencia y el desarrollo de la libre opinión sino como la multiplicación de la ignorancia y la estupidez. ¿Tienen ellos razón o es solo paranoia? ¿Será Internet la nueva biblioteca de Alejandría o una feroz y maligna Babel? ¿Acabará Google Books con el mercado del libro obligándome a abrir de nuevo un bar?

La verdad es que hace ya unos años que empecé a trabajar con el ‘enemigo’, y en el mundo virtual he encontrado muchas alternativas y estímulos a mi pasión de escribir. Creo que se escribe con la ilusión de establecer un diálogo, y lo digital hace que ese diálogo sea inmediato. Pero de un blog a un dispositivo de lectura hay mucho trecho, sobre todo si la política principal de quienes venden estos dispositivos es insertarles publicidad. Cierto que sucede lo mismo cuando leemos una revista o vemos la televisión, pero hasta ahora el libro era otra instancia y otra dimensión del espíritu y, como yo lo entiendo, un espacio hecho a la medida de nuestra conciencia.

Si mientras leemos La Divina Comedia van a pasar ante nuestros ojos avisos de MacDonald’s o de Levis Straus nuestra autonomía y autodeterminación serán reducidas a cero. La ansiedad consumista ahogará nuestra imaginación y aplastará las ideas, estaremos finalmente indefensos ante la avalancha de productos inútiles y seremos las víctimas perfectas que esos mercachifles soñaron.

Lo que arguyen los vendedores es que la publicidad bajará el precio de los dispositivos, es el modo en que nos proponen que les vendamos el alma. Para ellos el libre albedrío no cuenta, se trata de vender y si para lograrlo tienen que llenar de vallas los parajes del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha nada los va a detener. Mi respuesta ante esto es la resistencia armada de libros de papel, ahora parece que el mundo está lleno de ellos, pero la avanzada electrónica los irá destruyendo más rápido de lo que podemos imaginar.

En este panorama, la industria editorial (en innegable crisis) dará su lugar a métodos menos humanos y más prácticos y rentables. La pregunta que surge es qué sobrevivirá del viejo mercado del libro. Los autores por ahora están a salvo, al menos hasta que los libros digitales logren escribirse por sí mismos. La figura del editor pasará a la de mánager, deberá más que nada defender la imagen del autor en un mundo lleno de autores.

Los que de verdad peligran son los lectores, la facilidad de crear sus propias historias los irá convirtiendo poco a poco en escritores, y de esa forma el mundo estará inundado de libros virtuales que nadie leerá o al editor-mánager le corresponderá la labor de negociar intercambio de lecturas entre autores. De momento los libros normales siguen saliendo con regularidad y dignidad, sus colegas virtuales no han logrado intimidarlos y el público lector los sigue acogiendo con cariño. Yo he comprado un Kindle, está allí en mi mesa de noche y de momento solo lo uso para apoyar el libro que estoy leyendo. Espero no se sienta ofendido.

Efraim Medina Reyes es Autor, entre otros libros, de ‘Érase una vez el amor pero tuve que matarlo’ y ‘Técnicas de masturbación entre Batman y Robin’.

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Otra opción para leer en una pantalla: el Papyre

Papyre

Este lector de libros digitales se une a la vasta lista de opciones que ya hay en México. Su reto, fomentar la lectura con contenidos en español.

En la antigüedad, las grandes ideas fueron plasmadas en los “papiros”, fabricados a base de fibras naturales. Hoy, la empresa española Grammata retoma la idea y bautiza con el nombre “Papyre” a su línea de lectores de libros electrónicos (o como muchos los conocen, e-readers).

Los Papyre llegaron a México en mayo del 2011 con poca popularidad. Pero 6 meses después, en noviembre de ese año, se convirtió en el e-reader oficial de las librerías Gandhi.

Hay que señalar que para las librerías Gandhi este no es el primer esfuerzo en empujar el mercado de libros electrónicos en español: en septiembre del 2010 se asoció con el fabricante Cybook y empezó a vender de manera muy discreta un lector de esta marca.

Al mismo tiempo, empezó a ofrecer descargas gratuitas de libros digitales –poco populares— en su página web. Su propósito es recrear el fenómeno de Amazon.com –tienda online que lo que más vende son justamente libros—con su lector llamado Kindle. Pero hasta ahora, no ha logrado mucho éxito.

“Papyre es una propuesta de fabricación y distribución de lectores electrónicos cuya característica principal es que está hecho para el mercado hispano: el primer lector en español”, afirma Eduardo Gorodzinsky, director general de la empresa Papyre, distribuidora del dispositivo en México.

Pero no la tiene fácil. De acuerdo con cifras de la industria editorial, en el 2011, las ventas de libros electrónicos en México no significaron más del 5% de la venta total de libros. En contraste, en Estados Unidos, ya son 30%.

Otros datos aún más desalentadores: 54% de los mexicanos asegura que no ha comprado un libro (ni digital ni de papel) en el último año. Y se dice, que el promedio de lectura nacional es de 2.9 libros por año. (Según la Encuesta de Hábitos de Lectura del Conaculta).

Asimismo, hay mucha competencia. En México ya se venden e-readers de varias marcas, como el Kindle de Amazon —que es el e-reader más vendido en todo el mundo— el Sony Reader, Cybook Opus (que antes era la marca oficial del e-reader de las librerías Gandhi) y la infinidad de Tablets: el iPad de Apple, el Samsung Galaxy, entre un largo etcétera.

Libros vs Papyre

Su principal reto es fomentar las ventajas de los libros electrónicos sobre los formatos tradiciones de lectura.

”El Papyre es para leer, no es para navegar en internet. No es para ver videos. No es para escuchar música. Su objetivo es leer. Por ello, se creó con lo que se llama “tinta electrónica”, es decir, su pantalla no tiene luz que cansa la vista (como sucede con las Tablets)”, resalta Gorodzinsky.

El Papyre ofrece otra ventaja: tiene precargados 100 libros en español y permite descargar otros 500 en cuanto se registra en su sitio web. Asimismo, da acceso a la colección de libros digitales de Grammata, cuyo acervo es de 65,000 títulos.

¿Qué hay de la piratería y descarga ilegal de libros electrónicos? Para ahuyentarla, ha colocado un código DRM (una gestión digital de restricciones) que impide que las obras literarias sean copiadas y que se compartan de manera ilegal.

Además de España, el Papyre se vende en Argentina. Se calcula que ya se han vendido 10,000 unidades en esos dos países.

Otras características

  • Su batería de litio tiene una duración de 10,000 cambios de página.
  • Permite descargar contenidos de otros sitios dedicados a la venta e intercambio de libros electrónicos. Eso no lo permite ni el Kindle de Amazon ni el iPad de Apple.
  • Buscará la forma de “entrar” a las escuelas a través de proyectos de fomento a la lectura.
  • En el país están a la venta varios modelos. Algunos cuentan con conexión web (Wi-Fi). Los detalles técnicos de cada uno pueden consultarse en su página web.
  • Multiplataforma: es compatible con diferentes formatos electrónicos de libros: .ePUB, .pdf, .html, .rtf o .djvu. Esto no lo ofrecen otras marcas.

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