2 cosas que no sabe sobre los libros electrónicos

Se suelen oír maravillas acerca de los libros digitales. Son livianos y fáciles de llevar, dan la posibilidad de consultar diccionarios con solo hacer clic y guardan cientos de textos que siempre se pueden tener a la mano. Sin embargo, se ha descubierto que algunas características de esta tecnología podrían ir en detrimento de la calidad literaria de los libros que se publiquen en un futuro, y se ha empezado a comprobar que la lectura en papel es más beneficiosa para los lectores.
Según un artículo reciente del Wall Street Journal, los libros electrónicos lo saben todo. Saben cuánto se demora una persona en terminar un libro, en qué capítulo se detuvo, cuántas páginas se alcanzan a pasar en una hora y cuáles son los párrafos que se subrayan. Esta información se ha vuelto muy importante para los editores, pues de esta forma pueden conocer en detalle el perfil de los lectores y planear estrategias para seducirlo.
Antes de que llegaran los libros digitales, las editoriales solo podían medir el éxito de un libro a partir del número de copias vendidas, pero ahora tienen muchas más herramientas para saber qué tanto le ha gustado una obra a un lector y qué es específicamente lo que está buscando. “Si el 90% de los lectores dejan de leer después del quinto capítulo, el editor y el autor tienen una idea muy clara de la forma en que el libro ha sido recibido”, explica Todd Humphrey, ejecutivo del portal de libros electrónicos Kobo.
Según los datos recopilados por portales como Amazon y Apple, libros como Los juegos del hambre o Cincuenta sombras de Grey generalmente son leídos rápidamente y, al terminar, el lector pasa de inmediato al siguiente libro de la trilogía. Por el contrario, hay otras obras que el lector lee por 15 o 20 minutos y luego las abandona, estos textos suelen ser de no ficción. Dentro de esta información se ha encontrado que la frase más subrayada en la historia de los libros electrónicos ha sido “Porque algunas veces las cosas le pasan a la gente cuando no está preparada para enfrentarlas”, de Los juegos del hambre.
Según Humphrey, Kobo está empezando conversaciones con las editoriales para compartir esta información. “La idea es asesorar a nuestros colegas para que, por ejemplo, conozcan en qué capítulo de qué libro los lectores están abandonando la lectura”, explica.
Aunque los editores están felices, los escritores no están convencidos de que estas mediciones sean tan beneficiosas. El autor inglés Melvin Burgess asegura: “Me causa fascinación la idea de saber cómo lee la gente mis libros, quién los lee y cuándo. Pero hay un peligro en el asunto: empezar a responder siempre a lo que quieren los lectores”.
Si los autores solo escribieran lo que los lectores piden, las librerías estarían repletas de best sellers. Obras al estilo de “Los juegos del hambre” se venderían por montones, y Tolstoi y Kafka se quedarían en los estantes. Se sacrificaría la calidad literaria por las necesidades del mercado, luego de un proceso en el que la privacidad del lector sería invadida para sacar cifras y determinar qué es lo que busca en un libro.
Las ventajas del papel
Quienes han desarrollado aparatos como el Kindle aseguran que su pantalla está creada con herramientas de última tecnología y que, por lo tanto, leer en un libro electrónico es tanto o más cómodo que leer en papel. Sin embargo, los últimos estudios sobre el tema han revelado que existen diferencias y que leer en el papel puede resultar más beneficioso para los lectores.
Kate Garland, académica de la Universidad de Leicester en Inglaterra, es una de las pocas científicas que ha trabajado el tema y ha descubierto lo siguiente: al bombardear a las personas con información desconocida a través de libros electrónicos, les cuesta más trabajo memorizar lo que leen, así que deben repetir la lectura una y otra vez. Es decir, es más difícil retener información cuando se leen libros digitales.
Adicionalmente, se comprobó que aquellas personas que leen en papel no solo recuerdan lo que leen, sino que realmente lo comprenden. Contrario a lo que ocurre con los lectores de libros digitales, que requieren varias repeticiones para llegar al grado de aprendizaje de los otros.
Según los estudios, entre más pequeña es la pantalla, es más difícil memorizar los contenidos, así que lo menos conveniente es leer en celulares. Además, se ha comprobado que la gente lee con más lentitud en los dispositivos electrónicos que en los libros impresos.
A partir de estos estudios, se ha empezado a creer que la gente debería recurrir a los libros físicos cuando se vayan a analizar ideas y conceptos complejos que sea necesario integrar con profundidad en la memoria.
¿Afectan los libros electrónicos nuestra memoria?

Hace unos días les hablaba sobre la posibilidad de que los libros electrónicos estuvieran propiciando a leer más y les mostraba algunos estudios que parecen indicar que así está sucediendo; sin embargo, como lo mencionaba en el mismo post, aún es demasiado pronto para dar conclusiones en este tema y, mientras hay estudios que afirman que gracias a los libros electrónicos leemos más, hay otros que aseguran que no se puede hablar realmente de lectura cuando interviene una pantalla.
Sin embargo, no sólo preocupa la cuestión de la lectura profunda y si hay más lectores gracias a los nuevos formatos; también comienza a preocupar las repercusiones de este tipo de lectura en los lectores; al final de mi post comentaba que es muy pronto para conocer realmente como está actuando la lectura, pero en el camino ya podemos encontrar algunos estudios al respecto.
Do E-Books Make It Harder to Remember What You Just Read? (¿Los libros electrónicos hacen más difícil recordar nuestras lecturas?) es un artículo publicado en la revista Times donde se indica que, de acuerdo con algunos neurocientíficos, la lectura electrónica afecta nuestra memoria, es decir, es más difícil recordar lo que hemos leído y datos como los nombres de los personajes no se mantienen tan fácilmente cuando los hemos leído a través de una pantalla.
Kate Garland, profesora en psicología de la Universidad de Leicester en Inglaterra y que es una de las pocas estudiosas del tema, asegura que la lectura en papel nos requiere un mayor ejercicio intelectual al permitir al lector realizar saltos a través de las líneas en los textos que le ayudan a recordar más fácilmente dichos datos, mientras que los libros electrónicos no nos proporcionan estos mismos saltos y, por lo tanto, la lectura se vuelve menos “memorable” por llamarla de alguna manera.
Otro aspecto en favor de la lectura en papel y que favorece la memoria es el contexto espacial, por ejemplo, recordar los personajes en una novela impresa será más sencillo, pues el dato siempre va a estar en la misma página y en la misma posición, mientras que en los libros electrónicos, la posibilidad de cambiar el tamaño de letra, hace que el texto se mueva constantemente, obligando a nuestro cerebro a cambiar el contexto tantas veces sean los cambios de página.
De igual manera, en materia de lectura y memoria el tamaño sí que importa, conforme a Jakob Nielsen, experto en usabilidad web, mientras más pequeña sea la pantalla en la que leamos, menos recordaremos lo leído ya que regresar a una página o buscar en la misma causa más distracciones que el simple cambio de página en los programas de computadora y en los e-readers. Además nuestro cerebro tiene más posibilidad de recordar lo leído si vemos todo el contexto en lugar de tener fragmentos de la información, como ocurre con las pantallas más pequeñas.
Es muy posible que la lectura electrónica esté modificando nuestros cerebros, cómo leemos y cómo recordamos lo leído, pero, y este es un pero muy interesante, existen otros estudios que afirman que la lectura en pantalla está favoreciendo el desarrollo de otras habilidades no menos importantes, de hecho, tanto Garland como Nielsen afirman que los libros electrónicos favorecen otros aspectos. Aunque eso es materia de otro post.
El Pulitzer Richard Russo odia el libro digital

Su nueva obra, «Interventions», solo estará disponible en formato impreso y será «como un libro de los de antes»
Richard Russo no es uno de ellos. Porque últimamente muchos autores creen que han encontrado la horma de su zapato en las nuevas tecnologías, la venta por Internet y el libro electrónico. Para ellos, es la mejor (y generalmente) más barata, directa y multitudinaria forma de darse a conocer y tener ese público millonario con el que siempre soñaron.
Pero Richard Russo, Pulitzer del 2002 (por su novela «Empire Falls»), y uno de los novelistas (y guionistas) más cotizados hoy en los Estados Unidos no es como decíamos uno de ellos.
Russo se ha puesto en plan numantino y ha anunciado que su próxima obra, «Interventions» no se venderá como eBook, como libro electrónico. Russo asegura que así quiere rendir «homenaje al libro impreso» y de paso que los libreros locales también salgan ganando, ya que anima a sus posibles lectores a que deserten de la patria digital y vuelvan a la librería de la esquina.
No solo de pan digital vive el hombre
Es más, el escritor asegura que no solo del pan digital vive el hombre. «Ningún lector puede sobrevivir tan solo con libros electrónicos», ha señalado a Associated Press. Más adelante, añadió que «el rápido crecimiento de la venta de eBooks y la venta a través de Internet de libros impresos constituyen una amenaza para los libreros, las empresas editoriales y los nuevos autores».
Para defender su tesis, Richard Russo ha decidido publicar su nuevo libro con mimo y con detalle. Su hija Kate, pintora, y su yerno Tom Butler, se ocuparán de las ilustraciones y el diseño de los cuatro tomos. Cada uno de ellos consiste en una caja que incluye tres cuentos y una novela corta con dibujos de Kate y una cuidadísima impresión.
La edición le ha sido encargada a una empresa local, Down East Books, cercana a la propia casa de Richard Russo, en la localidad de Camden, en Maine, al noreste de los Estados Unidos. Russo también ha destacado que quiere devolver al lector la sagrada experiencia de encontrarse «ante un libro libro, un libro de los de antes».
Adictos a las venta online
Para el novelista, este tipo de iniciativas se enmarcarían en el creciente rechazo que algunos sectores están empezando a sentir ante las compras de libros en Internet, que convierten al lector en una especie de adicto a las teletiendas.
No es la primera vez que Russo se lía la manta a la cabeza de la edición digital. A finales de año ya criticó los sistemas de verificación de precios de Amazon, que según él inducen claramente a la compra de libros en formato digital. En cualquier caso, la edición impresa de estas «Interventions» está a disposición de cualquier lector en la página de amazon. En formato impreso, eso sí.
eBooks superan en ingresos por primera vez a los libros de tapa dura en EE.UU.

Es uno de los titulares que con más miedo esperaban libreros y en parte editores: los beneficios por ventas netas procedentes de los libros electrónicos han superado ya a los que las editoriales facturan vía tapa dura.
Los números llegan de Estados Unidos, un mercado más avanzado en la adopción del ebook que otros (como por ejemplo el español), pero muestra el camino que podrían seguir los demás a medidas que los «ereaders» y los tablets se vayan haciendo cada vez más populares y vayan consiguiendo crear una mayor masa de lectores desde estos dispositivos.
Durante el primer trimestre del año, los ebooks reportaron a la industria editorial estadounidense 282,3 millones de dólares en beneficios por ventas netas, un 28,1% más que en el mismo período del año precedente, según cifras de la Association of American Publishers (AAP), los editores estadounidenses que recoge Mashable.
Por su parte, la tapa dura, aunque creció un 2,7%, cerró el trimestre con 229,6 millones de dólares y el libro de bolsillo con 299, 8 millones de dólares y una caída del 10,5%.
Así, el libro electrónico supera de forma bastante cómoda al libro de tapa dura y, aunque sigue por detrás del barato libro de bolsillo, se posiciona a no muy amplia distancia del mismo. La abrupta caída de las ventas de bolsillo y el crecimiento bastante llamativo del ebook podrían confirmar que pronto uno caerá ante el dominio del otro.
Especialmente teniendo en cuenta el crecimiento igualmente reseñable de la oferta de ereaders y tabletas que está asumiendo el mercado: un aumento tal que es más que probable que hoy (durante la noche en horario español), Microsoft presente su propia tableta o su propio ereader.
¿ Por qué creemos que el eBook habrá de ganar la batalla sobre el libro de papel ? – Parte I

En toda la historia de la humanidad, jamás se publicaron tantos libros
Actualmente, en el mundo se publica un libro cada 30 segundos. O sea, alrededor de 300 ejemplares por día, o 1.500.000 por año. Unos años después del invento de la imprenta, sólo se editaban un par de centenas de libros por año, siempre en ediciones que no superaban el millar de ejemplares. Dos siglos después del invento de Johannes Gutenberg[1], la cifra había aumentado sólo a dos mil títulos por año. Pero actualmente, alcanzamos a editar en forma impresa un millón de nuevos títulos por año. Resumiendo, daría la impresión que hubiera más escritores y más libros que lectores[2].
En el último quinquenio se importaron a Argentina nada menos que 140.000 toneladas de libros, por un valor de 550 millones de dólares, mientras que aquí se editaron 90 millones de unidades en el último año, o sea algo más de dos libros por cada habitante[3]. A ellos, habría que agregar los títulos que se imprimieron en nuestras imprentas. Ahora bien, desde un punto de vista de management, la primera pregunta que debiéramos hacernos es: ¿estas toneladas de libros son compradas por sus lectores finales? La segunda es: ¿qué porcentaje de los libros que se compran son leídos realmente? La tercera es: ¿se comprarían y, eventualmente, se leerían en mayor cantidad si los libros fueran más económicos en precio?
Los costos de editar libros en papel
Las principales erogaciones de un libro impreso están constituidas por: a) el costo del papel sobre el que se lo imprime –generalmente el más relevante de todos ellos, porque el papel deberá ser transportado y habrás que pagar su flete, tanto antes como después de impreso; y porque además, este costo se mantendrá sin modificaciones en las subsiguientes ediciones, pues éstas no se beneficiarán con una mayor escala de volúmenes a editar; b) el costo de su impresión gráfica que, en cambio, sí tiene un valor decreciente en las siguientes rediciones; c) el costo de depósito y guarda de los libros editados, no solamente por su volumen físico ocupado sino por el costo financiero que ello implica; y d) el costo de la distribución física hacia los puntos de venta.
Dejamos aparte –por el momento- los llamados costos de promoción, pues éstos son casi siempre controlables y, por otra parte, son aplicables tanto a los libros impresos como a los electrónicos, como así también los correspondientes a derechos de autor, pues estos –que son variables en función las unidades vendidas- dependen de la actualidad, del interés o del atractivo del tema que aborde el libro, o bien, del renombre de su autor (y su incidencia también sería igual para ambos casos). Pero entre aquellos nombrados anteriormente, no cuesta mucho trabajo comprender las ventajas competitivas de que goza el libro electrónico, que evita o reduce casi todos aquellos costos.
[1] Herrero alemán, inventor de la imprenta de tipos móviles moderna (hacia 1450), cuyo verdadero nombre era Federico Gensfleisch, y luego adoptó el de su casa paterna zum Gutenberg. www.Wikipedia.com
[2] “Del libro sagrado al desechable”, por Mori Ponsowy, en La Nación, 03-05-2012.
Libros enriquecidos, ¿el futuro del libro electrónico?
No es noticia nueva que los detractores del libro electrónico tengan como primer argumento el olor y el tacto del papel para defender al libro impreso, parece incluso que éstos son amantes del “libro-objeto” y no del libro-contenido, que importa más el empaque que lo que viene dentro, que es lo que realmente debería importar cuando se habla de libros ya sea impresos o electrónicos.
Sin embargo, como no es imposible dar gusto a todos y que todos estemos de acuerdo en lo que se espera del libro, sorprendentemente existen también los que se quejan de que el libro electrónico tiene aún mucho de libro impreso y que en la mayoría de los casos éste parece mucho más una copia electrónica del impreso, aún lo ven demasiado libro-objeto o demasiado versión PDF.
Quizá tengan algo de razón y este argumento no sea gratuito, la mayoría de los e-readers utilizan en sus pantallas tecnología eInk que emula el papel y cuyo beneficio radica en no cansar la vista y permitir la lectura en exteriores; además los desarrolladores se han empeñado en crear aplicaciones de lectura (para dispositivos no dedicados exclusivamente a la lectura como el caso de las tablets o los smartphones) donde los gestos emulan también al libro impreso, los ejemplos más común son el cambio de página y el doblez de la hoja que encontramos en aplicaciones como Kobo, Kindle, Stanza, etc.

iBooks
Los detractores del libro electrónico que se parece mucho al libro impreso siempre han abogado por un libro enriquecido, es decir, ya que la tecnología y las pantallas lo permiten, ¿por qué seguir limitados a lecturas planas? ¿por qué no aderezarlos con audio, video, juegos y convertirlo en un libro que permita la interacción con el lector?
En el camino ya encontramos algunos ejemplos de “libros enriquecidos”. Alice for the iPad fue de los primeros y exitosos intentos para ofrecer este tipo de lectura; sin embargo no ha sido el único, también podemos mencionar la versión enriquecida para iPad de Caperucita Roja; un tercer ejemplo interesante es el de Sherlock Holmes que viene con su banda sonora, como si de una película se tratara y más recientemente encontramos la versión enriquecida para iPad de Frankenstein.
¿Es este el futuro que debemos esperar del libro electrónico? ¿todos los libros electrónicos serán enriquecidos dentro de algunos años o seguirán conviviendo con libros electrónicos muy parecidos a las versiones impresas?
No creo que el futuro del libro electrónico sea exclusivamente el libro enriquecido, dentro de algunos años considero que estaremos hablando de varios tipos de libros electrónicos para varios lectores, al igual que sucede hoy en día con el libro impreso. Aunque, a mi no se si me gusta el término “enriquecido” cuando hablamos de libros electrónicos, creo que el enriquecimiento lo debe dar el lector y la lectura que haga, independientemente del formato. Por otro lado, aunque este “enriquecimiento” se entiende por los extras que permiten los programas de computadora, recordemos que también es posible hablar de libros enriquecidos en formato impreso: los libros al estilo juegos de rol como Dungeons and Dragons y los libros pop-up son claros ejemplos de que la lectura enriquecida se puede dar en cualquier formato.
Crecimiento en las ventas de eBooks de Estados Unidos a otros países
De acuerdo con un informe publicado recientemente (18 de mayo) por la Asociación de Editores Estadounidenses (AAP) la venta de libros electrónicos desde Estados Unidos a otros países ha crecido de manera exponencial, mientras que en el 2010 las ventas de libros electrónicos a otros países reportaron ganancias por US$4.1 millones, para 2011 las ganancias fueron de US$21.5 millones, esto representa un crecimiento de 333% en el rubro de libros electrónicos y un crecimiento del 6% de las ventas totales.
No es fortuito este crecimiento en la venta de libros electrónicos desde Estados Unidos a otros países, tres son las principales causas:
- La carencia de una oferta real de libros electrónicos en otros países, el gran ejemplo son los países de habla hispana.
- Los principales distribuidores como Amazon y Apple aprovechan dicha carencia y se lanzan llenar los huecos en esos países, como ejemplo tenemos la reciente entrada de Amazon al mercado español y Apple, bueno, ya sabemos que ellos no discriminan cuando de vender se trata.
- La falta de visión tanto de editores como de libreros en dichos países para identificar huecos y oportunidades.
Quizá para Seth Russo, el vicepresidente de ventas internacionales en Simon & Schuster, sea emocionante el crecimiento en la venta de libros electrónicos en inglés a otros países porque refleja que los lectores están leyendo en dicho idioma; aunque visto de este lado de la moneda, los lectores se están obligando a leer en una lengua distinta a la suya por la falta de una oferta en su propio idioma. Es irónico que un lector en México tenga que leer, por ejemplo, La silla del águila de Carlos Fuentes en inglés, porque no existe ese título en formato electrónico en español.
No dudo que sea emocionante este aumento de ventas en otros países y hasta cierto punto puede reflejar una mayor aceptación del formato electrónico por parte de los lectores a nivel global; sin embargo, tampoco se nos debe escapar que esto es reflejo de la falta de visión de las editoriales, las librerías y los distribuidores para ofrecer lo que el lector está requiriendo y que, por ende, tienen que ir a buscar a otro lado.
Mientras las editoriales siguen buscando la manera de crear más candados para sus escasos libros, los lectores están comprando (ojo: comprando y no pirateando) y dejando las ganancias en otros países.
La cadena de librerías Waterstones venderá Kindles

La cadena de librerías Waterstones, la mayor del Reino Unido, ha firmado un acuerdo con Amazon para vender en sus tiendas los lectores digitales Kindle, reveló hoy la compañía británica.
Waterstones es el principal vendedor de libros del país, con 294 tiendas en el Reino Unido e Irlanda, y treinta años en el negocio.
Aunque el Kindle ha recibido críticas por parte de algunos libreros que temen que termine con su negocio, el director general de Waterstones, James Daunt, espera que este acuerdo “complemente y refuerce” los atributos tradicionales de sus librerías.
La cadena, que está llevando a cabo una renovación de todas sus tiendas para dedicar más espacio a los libros electrónicos y para ofrecer zonas con acceso a internet inalámbrico, venderá también otros servicios digitales relacionados con el Kindle.
“Es una perspectiva realmente emocionante poder aprovechar las ventajas y fortalezas de Waterstones y Amazon para proporcionar a nuestros clientes una experiencia de lectura digital mucho mejor”, afirmó Daunt en un comunicado difundido hoy.
“Waterstones es el principal vendedor de libros a pie de calle y compartimos su dedicación hacia los libros y los lectores. No podríamos haber imaginado un socio mejor para aunar la lectura digital y las librerías físicas”, aseguró el director ejecutivo de Amazon, Jeff Brezos.
El año pasado, el grupo HMV, propietario de Waterstones, vendió la cadena al billonario ruso Alexander Mamut por 53 millones de libras (65,6 millones de euros o 83,7 millones de dólares).
En la actualidad, el catálogo de Kindle ofrece más de un millón de títulos, de ellos 33.000 en castellano.
Está previsto que esta cifra aumente en los próximos meses, tras el anuncio de la adquisición por parte de Amazon de los derechos en exclusiva sobre más de 130.000 nuevos libros electrónicos.
Siete claves para entender el futuro de la industria editorial
+12.34.14.png)
Mucho se está escribiendo en estos días acerca de la revolución que se cree que traen los libros electrónicos. Como hace mucho tiempo no pasaba en ese campo, los eReaders y los eBooks pusieron a editores, autores y -por qué no- lectores frente a nuevos desafíos.
En un lindo artículo del Huffington Post, John B. Thompson escribió sobre la crisis en el negocio editorial luego de “casi 500 años sin cambios en los métodos y prácticas de la edición de libros”. Según él, se trata del reto más grande desde la creación de la imprenta por parte Gutenberg (eso lo podemos discutir, creo).
Lo cierto es que el mercado de la edición de libros se ha transformado profundamente a nivel económico desde la década de 1960, convergiendo en el panorama editorial actual, en un puñado de grandes empresas editoriales con sede en Nueva York y Londres que agrupa a los autores más relevantes y populares. Estas empresas son sólo un engranaje en los grandes conglomerados multimedia, asistidas por un puñado de agentes que se han convertido en la única puerta de entrada para que un libro vea la luz. En medio de esto, el panorama muestra una disminución del número de puntos de venta de los libros, con pocas cadenas de varios locales y cada vez menos minoristas. Junto a ellos, el gigante de Amazon.
Según el artículo de Thompson, la venta de libros electrónicos representó alrededor de un 0,1 por ciento del ingreso total de las grandes editoriales comerciales de Estados Unidos en 2006 pero luego creció exponencialmente hasta convertirse en un 20% actual. Se calcula que en cinco años puede llevar a superar el 60% de los ingresos. Esto lo lleva preguntarse si los libros impresos se convertirán en una pieza de colección que se encuentra sólo en librerías de segunda mano y ventas de garaje, tal como hoy pasa con los vinilos.
Frente a esto, plantea un escenario con siete claves:
Primero, Amazon seguirá creciendo como un canal de venta, mientras que los locales tradicionales (incluso Barnes and Noble) se achicarán más, con cierre de negocios y reducción de personal.
Segundo, los editores con números contables débiles y las empresas no muy firmes se enfrentarán a crecientes dificultades financieras. Las presiones sobre las pequeñas y medianas editoriales se intensificarán y algunos de los grandes conglomerados mediáticos es probable que decida que ha llegado el momento de despojarse de sus intereses comerciales editoriales, que siempre fueron una parte muy pequeña de su negocio global. Esto llevará a una mayor consolidación en las manos de un pequeño número de grandes empresas que mantienen su compromiso con el comercio editorial.
Tercero, disminuirá el espacio de venta en las librerías – los escaparates, el frente de la tienda con las clásicas mesas de exhibición e incluso las estanterías- y disminuirá el espacio de crítica de libros en los medios impresos tradicionales como The New York Times, dos factores que harán más difíciles para los editores dar a conocer sus obras, a la vez que motivará el marketing on line.
Cuarto, el cambio de la impresión tradicional a los lanzamientos en digital continuará y se profundizará, aunque la velocidad y la magnitud del cambio puede variar de un tipo de libro a otro y de un autor a otro. Los ingresos que provengan de los libros electrónicos también aumentarán, aunque las cifras no son claras.
Quinto, a medida que las ventas de títulos digitales aumente, las grandes editoriales se enfrentarán a una baja en sus ingresos y a una creciente presión para eliminar gastos en un intento de mantener o mejorar su rentabilidad.
Sexto, la infraestructura de apoyo a la cadena del libro de suministro tradicional – almacenes, fuerzas de ventas, etc – estará bajo creciente presión, obligando a las editoriales a reducir sus operaciones y buscar nuevas formas de mantener la cadena de suministro física, mientras que ir al mismo tiempo deberán cambiar sus organizaciones a una nueva forma de hacer negocios.
Séptimo, proliferarán las operaciones de editoriales pequeñas o empresas innovadoras empresas y bajarán los costos de la cadena tradicional de libros.
El ocaso del libro…

Por: Adriana Roque R.*
Parecerá extraño escribir sobre una de las ferias del libro más grandes del mundo y y darle un título algo crepuscular, pero tras recorrer durante varios días las diferentes clases de espacios que ofrece, es la sensación que me queda. En otras palabras, tras caminar, preguntar, observar, escuchar, correr, empujar, y demás verbos aplicables a la situación, sólo queda entender que la FILBo, tal como está planteada actualmente, no es otra cosa sino el acabamiento mismo del libro. El libro, claro, no como soporte físico -sea este cual sea-, sino como experiencia; en últimas, el libro como lectura.
Muchos pusieron el grito en el cielo cuando el mercado comenzó a plagarse de los soportes digitales de lectura, los famosos tablets. Un objeto como el Kindle parecía amenazar la existencia de los libros. Sin embargo, esto solo puede pensarse así en la medida en que se entienda el Kindle (o iPad, o cual sea) como un reemplazo del libro, y no como un modo diferente de libro. Los tablets no son más que un soporte distinto, que en última instancia conserva aquello que se busca cuando se acude a un libro: la lectura. Un soporte digital nunca aniquilará el libro, pues en realidad busca una forma diferente (más práctica, dirán algunos, más liviana) de permitir que el lector y la lectura se encuentre en aquello que denominamos “libro”. Permite, finalmente, que la experiencia como tal se de, suceda. Va de la mano del libro, el de páginas y carátula.
Pero al entrar a la FILBo, donde precisamente abundan aquellos objetos físicos en cantidades industriales, la lectura se instala en una suerte de limbo. Si no contamos el pabellón infantil y juvenil, donde su organización física demuestra que aún entienden que vender libros es también fomentar y permitir la experiencia que ellos generan, la lectura brilla por su ausencia. No puedes mirar los libros con calma, quizás sentarte una media hora y leer uno (sin importar si lo vas a comprar o no), curiosear sin tener encima los ojos inquisidores de un vendedor. Es una muestra de los hábitos actuales de gran parte de los lectores en formación: instantáneo, masivo, desechable.
Una mirada medianamente objetiva tiene que aceptar que es más un espacio de exhibición y comercio, que de lectores y lectura. No hay nada de malo en querer vender libros. Hay una industria y existe por algo. Sin embargo, la FILBo, como ha sido planteada, más que permitirle al lector acercarse, curiosear, relacionarse con los libros (físicos y digitales), es un espacio en el que las grandes -grandísimas, tremendas- editoriales exhiben sus novedades, sus productos y claro, sin duda, también sus saldos y sus arrepentimientos.
En un país como el nuestro, en el que la producción de estos objetos es mínima, nos encontramos, además, con una exhibición de distribuidores de editoriales. Es decir, vamos a ver, aglutinados dentro de los pabellones, a aquellos que importan lo que las editoriales publican. También por eso los libros siempre han sido tan caros en Colombia; y también por eso nunca dejarán de serlo, ni siquiera en la FILBo. Aunque exista el trabajo editorial independiente, lastimosamente se ve enmudecido, resulta invisible, gracias a la grandilocuente presencia de la muy consolidada máquina editorial. Es triste ver cómo, por cuestiones de recursos, las grandes comercializadoras acaparan la mayor parte de los pabellones mientras las pequeñas editoriales independientes tienen que amontonarse en un stand de dos por cuatro metros.
Asistir a la FILBo no es propiciar un espacio con el libro, no es permitir el encuentro con una -o muchas- ideas (escrita, gráfica, ilustrada), es pagar la entrada a un almacén de cadena para comprar los alimentos que están en oferta, antes de que su fecha de expiración se cumpla.
PS. Si en algo les quedó sonando lo que dije, recomiendo el siguiente artículo: http://blogs.elpais.com/el-salto-del-angel/2012/04/nos-ocurre-con-el-libro.html
*Bloguera invitada. Filósofa. Bloguera, editora y webmaster de www.hojablanca.net . Directora de Promoción de www.lastana.com. @ariadna502
