Una biblioteca sin libros físicos

Library

¿Cómo serán las bibliotecas en la era del libro electrónico? La respuesta es, teniendo en cuenta cómo se hace la transición del mundo analógico al digital en este terreno, un espacio sin libros. Las bibliotecas ya no serán esas fascinantes torres de libros, con estanterías atestadas desde la base hasta lo más alta y con metros y más metros de espacio recubiertos con tomos. Las bibliotecas del mañana se parecerán más a «una Apple Store», como explican quienes están detrás del primer proyecto para una biblioteca sin libros (físicos) en Estados Unidos.

Bexar County, un condado del estado de Texas, se va a convertir en la primera localización de ese país en contar con una biblioteca 100% digital. «Si quieres saber cómo será, vete a una Apple Store», explicaba Nelson Wolff, el alma mater del proyecto, tal y como recoge «The Verge». La biblioteca sin libros se estrenará como prototipo en un edificio público ya existente de San Antonio y empezará a funcionar en otoño.

Los usuarios podrán tener acceso a libros electrónicos que podrán leer en el lugar o bien en sus domicilios en sus dispositivos, como publica la prensa local. «Ahora mismo, tecnología que puedas tocar, iPads, es lo que los niños quieren», explica en el mismo diario uno de los superintendentes del distrito escolar y una de las autoridades detrás del proyecto.

Al ser bienes electrónicos sin coste de almacenaje y al poder aprovechar espacios ya existentes (ya que en realidad no se necesita espacio para poner estanterías y archivos), las bibliotecas 100% electrónicas suponen un ahorro para las arcas públicas.

                                   

Las bibliotecas más importantes de USA y Canadá demandan mejor servicio para eBooks

Bibliotecas



Más de setenta bibliotecas de Estados Unidos y Canadá han presentado una declaración conjunta en la que exigen mejores servicios para los libros electrónicos con el fin de levantar las restricciones de contenido y hacer que el servicio de préstamo no sea una tarea tan “engorrosa”.

Esta declaración, en la que se recogen cuatros principios que estas bibliotecas consideran básicos, ha sido elaborada y distribuida por la Biblioteca Pública de Nueva York (NYPL), según ha manifestado Christopher Platt, director interino de las Colecciones y Circulación de la NYPL.

En su intervención en la BookExpo America (BEA), Platt 2012  ha aprovechado la ocasión para abodar el tema. “Muchos de nosotros estamos en la BEA y contamos con el tiempo suficiente para dirigirnos a estos distribuidores, hablar con ellos y expresarles nuestras preocupaciones” -dijo.

Los cuatro principios que exigen estas bibliotecas para sus usuarios y que Michael Kelley recoge en un artículo en The Digital Shift, son los siguientes:

  • Que los usuarios puedan buscar y revisar un único catálogo con todo lo que ofrecen estas bibliotecas de una sola vez. En él se incluirán libros electrónicos, colecciones físicas, programas, blogs, etcétera. En estos momentos, los proveedores de contenido sólo permiten realizar búsquedas dentro de los productos que venden, privando a los usuarios de la experiencia completa que ofrece la biblioteca.
  • Realizar reservas, revisar materiales, comprobar su disponibilidad y recibir notificaciones en los catálogos individuales de la biblioteca o en el lugar que ésta crea conveniente, sin tener que entrar en distintas páginas web. Las bibliotecas, y no los distribuidores, deberían gestionar todas las interacciones con los usuarios.
  • Disfrutar de una gran variedad de contenido electrónico. Para ello, las bibliotecas deben poder elegir el contenido, los dispositivos y las aplicaciones de cualquier proveedor o de un grupo de proveedores, sin que ello limite la capacidad que tienen de ofrecer el contenido que han comprado en las plataformas que elijan.
  • Descargarse libros electrónicos compatibles con todos los lectores, desde Kindle a Nook pasando por iPad.

Todas las bibliotecas que apoyan esta declaración darán prioridad a estos cuatro requisitos a la hora de adquirir libros electrónicos y otros contenidos digitales.

Los proveedores, apuntó Platt, han intentado hacer sus plataformas como si fueran bibliotecas, pero a los usuarios se les saca de la página de la biblioteca y se les segrega del resto de las colecciones y de la experiencia bibliotecaria. “Tenemos que asegurarnos de que no estamos segregando a nuestros usuarios a un lugar del que no podemos traerlos de vuelta a la experiencia que queremos que tengan” -subrayó.

Cuando a un usuario se le envía a otra plataforma, comenta Platt, éste buscará dentro del marco de ese contenido electrónico, y se estará perdiendo otro. Este directivo de la Biblioteca Pública de Nueva York cree que ahora es el momento de echar un vistazo general y de decidir cómo quieren las bibliotecas que se desarrolle la tecnología y el modelo de negocio. “Y no estamos hablando sólo de los editores” -apostilló Platt.

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El préstamo de libros digitales, ¿una nueva forma de marketing editorial?

Parece que a los editores podría salirles doblemente rentable el préstamo de libros digitales, ya que a los ingresos obtenidos por el préstamo pueden añadirse otros procedentes de la venta derivada de dicho préstamo, una tendencia que Amazon dice haber detectado en los usuarios Kindle.

Kindle Owners’ Lending Library es más un servicio de suscripción con limitaciones que un servicio de préstamo. Forma parte del paquete Amazon Prime, una opción “premium” para los usuarios que deseen un trato preferente y estén dispuestos a pagarlo. Por 79 $ al año, Amazon da a estos suscriptores una serie de ventajas en el envío de sus comprar, a las que añade la posibilidad de ver películas en streaming sin límite (y de comprarlas) y de leer gratuitamente un libro a elegir al mes (y comprarlo).

El pasado enero, tres meses después del lanzamiento del servicio, Amazon hizo públicos unos datos que sorprendieron a muchos: los propietarios de un Kindle suscritos a Amazon Premium que leyeron al menos un libro a través de KOLL compraron un 30% más que los propietarios de Kindle si este servicio.

Según Russ Grandinetti, director de contenido Kindle, esta tendencia se observa sobre todo en las series. Por ejemplo,

el 19% de los que leyeron el primer libro de la trilogía Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, compraron el segundo libro en vez de esperar a que transcurriera el plazo para poder leerlo en préstamo [sólo se puede leer un libro al mes]. Es más, el 19% también compró el tercer libros de la serie.

Así pues, los editores estarían ingresando (en función de su acuerdo o no-acuerdo con Amazon) el precio completo o parcial del libro cada vez que éste es prestado, y además podrían obtener más ingresos por la compra de otros libros generada por este préstamo.

Si atendemos a otras experiencias similares —como la de Bloomsbury, que regala a sus lectores precuelas de sus series infantiles antes de lanzarlas—, parece que esta nueva forma de marketing sería exitosa sobre todo con las series de libros: se trata de crear en el lector la necesidad de leer más y lo antes posible, lo que lleva a la compra de los libros.

Con este argumento, los directivos de Amazon han convencido al CEO de Pottermore, Charlie Redmayne, para que permita el préstamo de los libros de la serie de Harry Potter a través de KOLL (Kindle Owners’ Lending Library), el servicio de préstamo de libros digitales de Kindle.

Es un acuerdo comercial que tiene mucho sentido incluso con un nivel de canibalización de mis ventas, pero creo que acabará suponiendo ventas mayores.

La forma en la que se ha estructurado el acuerdo significa que las ventas perdidas no se compensarán. Habrá algunos que tomarán prestados los libros de Harry y luego no los comprarán, pero Amazon nos paga mucho por ese derecho, por lo que es un buen acuerdo comercial.

Tendremos que esperar unos meses a tener datos, pero sabiendo que la serie de J.K. Rowling es un de las más prestadas en bibliotecas —según OverDrive— el éxito parece estar asegurado.

P.S. Por si alguno andaba con ganas de suscribirse, Kindle Owners’ Lending Library es un servicio sólo disponible en EEUU.

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Los usuarios de libros electrónicos leen más

Lectora de eReader

La lectura en formato electrónico está al alza, al menos según el estudio publicado por el Pew Research Center’s Internet & American Life Project. Dicho estudio, realizado en EE UU, concluye que los lectores de e-books leen un promedio de 24 libros por año, mientras que los lectores de libros impresos leen 15.

La investigación revela que uno de cada cinco adultos estadounidenses (más del 20%) leyó un libro electrónico en 2011, casi cuatro veces más que el año anterior. El estudio muestra que el 42% de estos lectores asegura estar leyendo más desde que existen más títulos en formato digital, aunque no por ello abandonan el papel: el 88% también leyeron durante el periodo de la investigación al menos un libro impreso.

Según la encuesta, el 42% de estos lectores utilizan sus ordenadores personales para leer los e-books. El 41% prefiere un dispositivo especializado en la lectura, como el Kindle de Amazon, mientras que el 29% utiliza móviles y el 23% las tabletas.

Por otro lado, los lectores del formato digital compran más libros (el 61% más) frente al 48% que compran los lectores de papel. Además, el 73% de los encuestados señalan que los libros electrónicos son mejores y más cómodos a la hora de viajar.

Los libros impresos siguen liderando el mercado

El 28% de los adultos estadounidenses tienen dispositivos que permiten la lectura en formato digital, tales como e-readers, tablets o smartphones. Sin embargo, los libros impresos siguen liderando el mercado, ya que, según el estudio, tres cuartas partes de los encuestados leyeron al menos un libro tradicional durante el pasado año.

Un año para la apertura de la Digital Public Library of America

En abril de 2013 abrirá la Digital Public Library of America, una biblioteca online que albergará más de dos millones de libros electrónicos de dominio público. El proyecto busca hacer algo parecido a Google, pero con una gran diferencia: la nueva biblioteca pública será una organización sin ánimo de lucro, lo que le abrirá las puertas de un gran catálogo de obras, algo que no ocurre con el buscador, inmerso en numeros litigios por violar, supuestamente, derechos de autor.

El proyecto de la biblioteca digital busca concentrar la mayor información posible, incluso recopilando los datos de la Biblioteca del Congreso de los EE UU.

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Coexistencia Pacífica

Coexistencia Pacifica

Por: Joaquín Mattos Omar

Si en el debate sobre el libro impreso vs. el libro electrónico (formulado así, en forma sucinta y con resonancias deportivas), resultan de interés los simples testimonios de los lectores, he aquí el mío: yo, que no soy un nativo digital, me he adaptado sin el menor inconveniente a los e-books. De hecho, en el disco duro de mi Mac tengo una biblioteca que, si bien no iguala todavía en número de volúmenes a la otra –la que conservo en estanterías de madera–, va creciendo en forma gradual.

Pero tampoco soy un friqui de este moderno formato. Y llego aquí a uno de los puntos de la cuestión que me llaman la atención. No entiendo por qué los entusiastas del libro digital le dedican tanta energía a su amor por este soporte como a su odio por el libro impreso. Pareciera que en su caso ocurrieran dos cosas: una, que no son amantes del libro en cuanto tal, con independencia de su soporte; y dos, que más que acoger y defender el libro digital, lo que quieren es combatir a toda costa el libro impreso hasta verlo desaparecer por completo de la faz de la Tierra. Creo que ese furor no es digno de ésa ni de mejores causas.

Dado que en este debate han tomado parte ya las mentes más lúcidas de nuestro tiempo, tenemos claras cuáles son las ventajas relativas (o diferenciales) de uno y otro soporte. Y entre ellas, hay unas cruciales que han sido señaladas por Umberto Eco: el e-book supera al libro de papel en capacidad de difusión (puesto que puede distribuirse a través de Internet), pero el segundo supera al primero en capacidad de preservación del contenido.

A este respecto, Eco nos recuerda que en algunas bibliotecas de Europa se conservan libros con 500 años de antigüedad y manuscritos que datan de hace mil años; en cambio, observa también el semiólogo y novelista italiano, de todos los soportes digitales utilizados hasta ahora para almacenar información, “o bien sabemos que son rápidamente perecederos  o bien no sabemos todavía cuánto durarán,  y probablemente nunca lo sepamos”. ¿Podrá la memoria de un e-reader o una memoria USB durar 500 años? Hummm, quién sabe.

Creo, por eso, que el libro de papel y el digital deben alcanzar un estado de coexistencia pacífica, pues es lo que más le conviene a la humanidad. Es, además, lo más justo para las distintas clases de lectores que existen, quienes podrán ejercer su hábito cada cual a su manera. Sabemos que los hay que gustan de leer de manera sucesiva, lineal, ajustados a un pensamiento intencionado, y que no toleran, por tanto, que nada los distraiga del curso fluido del texto, ni siquiera una anotación de pie de página; ahora sabemos también que los hay que, en lugar de leer a la manera clásica, prefieren navegar por el texto (o mejor, por el hipertexto), haciendo a cada tanto interrupciones para seguir todos los enlaces que sean posibles, de un modo tal que suele rayar en el vértigo.

Pienso, en definitiva, que el soporte puede ser cualquiera y que lo importante es preservar la escritura; y con esta, los textos; y con los textos, los diferentes géneros en que estos se han organizado. Dicho de otro modo, lo importante es preservar los poemas, los cuentos, las novelas, los aforismos, las crónicas, los ensayos (literarios, filosóficos, científicos), las tesis. El soporte… bueno, si no tenemos más remedio que escribir el poema en una roca o en la corteza de una ceiba, allí lo escribiremos.

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El ratón iletrado…

Raton Letrado

El ratón letrado vive tranquilo en una gran biblioteca familiar alimentándose de las páginas que va royendo poco a poco. Las que más disfruta por estos días son las láminas de colores de El libro de la selva, el papel mantequilla de la Biblia y la portada de El palacio de la luna, de Paul Auster. Un día, hablando con MauS, un ratón cibernético que vive atado al computador de la casa, se entera de la amenaza inminente de los libros electrónicos, unos delgados aparatos donde se pueden descargar millares de libros.

Al ver que el ratón letrado se pone pálido como una hoja en blanco, MauS trata de calmarlo. Le dice que los libros electrónicos no necesariamente tienen que reemplazar a los de papel, pero el ratón de biblioteca, que se ha vuelto un poco dramático y delirante por tantos libros digeridos, está seguro de que el señor de la casa terminará deshaciéndose de los ejemplares de la biblioteca. ¿Cómo no, si ahora un artefacto del tamaño de un libro de bolsillo puede albergar hasta diez bibliotecas como la suya? ¿Cómo no, si ahora en un solo grano de arena se podrá ver toda la playa, como soñaba Borges?

Se pone histérico. No piensa quedarse cruzado de brazos mientras su imperio se viene abajo. Por eso decide envenenarse con un libro de Paulo Coehlo y dos de Jaime Bayly.

Cuando el ratón villano Mauricio Sagaz se cerciora de que está muerto, se quita el disfraz de mouse de computador con el que llegó a la casa hace unas semanas, frota sus paticas delanteras y se lame los bigotes como saboreando de antemano esta nueva biblioteca que le ha quedado para él solo, y que ya ni el dueño de la casa revisa por estar metido en Internet.

Por Paul Brito
Autor, entre otros libros, de ‘Los intrusos’, editorial UIS, 2008; ‘Pluma de Mompox’, 2011).

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Libranda quiere prestar `e-books´ en las bibliotecas

Libranda eBooks

La plataforma de venta digital española Libranda lanza iBiblio, su nuevo servicio de préstamos de libros electrónicos para la red de bibliotecas públicas. Dichos e-books podrían leerse en cualquier dispositivo (ordenador, e-reader, tableta y teléfono móvil) bajo la modalidad de descarga o mediante su lectura en la nube. 

Libranda ya negocia con las bibliotecas esta posibilidad de préstamo digital bajo esta nueva pasarela. iBiblio es un proyecto que recibió un total de 1,3 millones de euros entre subvenciones y préstamos blandos del anterior Gobierno. 

En concreto, iBiblio logró una ayuda de 111.885 euros y accedió a un préstamo de 1.212.978 euros dentro del Plan Avanza del antiguo Ministerio de Industria, según publica el Boletín Oficial del Estado. 

En estos días, Libranda trabaja en la adhesión de bibliotecas a iBiblio, bajo una serie de condiciones económicas y tecnológicas. 

Los centros bibliotecarios pagarían una “licencia digital anual” por cada libro electrónico, con un descuento del 15% sobre el precio de venta al público de los e-books, según el documento de presentación de iBiblio de Libranda. 

Así, los usuarios de las bibliotecas accederían al servicio de préstamo de e-books bajo dos posibles modalidades. Una de ellas es la descarga del libro digital con DRM –sistema anticopia- de Adobe y la otra un sistema que facilita la lectura en la nube en diferentes dispositivos, con un DRM propio. 

Este sistema anticopia permitiría que los lectores pudieran leer uno o varios e-books durante un periodo de tiempo, entre 21 y 30 días, plazo similar al del servicio de préstamo de los libros de papel. 

Con iBiblio, Libranda quiere entrar en un segmento institucional, el de la red de bibliotecas, que ahora mismo tiene preocupados a los editores y bastante angustiados a los libreros. 

Las librerías han visto como las ventas institucionales han caído severamente en los últimos dos años. Los datos oficiales del gremio de editores cuantifican este descenso en torno al 43% anual. Y las previsiones del sector vaticinan datos aún peores para 2012. 

La actual política de recortes del gasto público del Estado, comunidades autónomas y ayuntamientos no augura buenos presagios, como comentan a los libreros desde hace meses. 

Pese a este panorama, Libranda abre su nueva vía de negocio en el sector del libro digital para bibliotecas. iBiblio quiere prestar los e-books de las editoriales que están adscritas ahora a la plataforma de venta electrónica dirigida por Arantza Larrauri.  

“Las bibliotecas pueden contribuir a la expansión del libro electrónico, popularizándolo entre los lectores y fomentando esta nueva forma de disfrutar de la lectura”, explica Libranda en el documento que presenta a los responsables de las redes bibliotecarias.

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¿Deberían las bibliotecas salirse del mercado de los eBooks?



Deberían salirse las bibliotecas del mercado del libro electrónico? esa es la duda que plantea Bobbi Newman en un post publicado en su blog Librarian by Day. Aunque pueda parecer una solución extrema, lo que esta bibliotecaria norteamericana propone es mantenerse un poco a la espera hasta que todo se normalice y aparezca un sistema mejor de gestionar los servicios de préstamos de obras electrónicas.

Muchos bibliotecarios creen que deben responder siempre y de manera efectiva a todas las peticiones que planteen sus usuarios, pero en opinión de Bobbi Newman, esto es imposible. Lo que sí que considera conveniente es plantearse la forma más inteligente de utilizar el dinero de los impuestos, por lo que se muestra convencida de que gastarlo en el sistema del libro electrónico tal y como está concebido en la actualidad, no es lo más acertado.

En el análisis que realiza Newman sobre la demanda de estos materiales, sostiene que los bibliotecarios dedican más tiempo a todo lo relacionado con los eBooks que la mayoría de la población. Ya que, si se observa el tanto por ciento de personas que poseen un lector electrónico o una tableta, éste sería de aproximadamente un veintinueve por ciento, y no todos ellos utilizan estos dispositivos para leer libros.

Bibliotecas

Bobbi Newman, dedicada a ayudar a las bibliotecas a encontrar su sitio en la era digital, considera que es una auténtica pesadilla el momento en el que la biblioteca pública se decide a analizar el proceso a seguir para introducir los libros electrónicos entre sus servicios. Hay que tener en cuenta, precisa Newman, que si la biblioteca decide prestar eBooks, los usuarios deben contar con una serie de condiciones: disponer de un dispositivo compatible, un ordenador capaz de ejecutar Adobe Digital Editions, una conexión a internet buena, tener conocimientos de tecnología para poder configurar todo y que funcione correctamente. Si todo va bien, ¡estupendo!, pero si algo sale mal, las culpas recaen siempre sobre el bibliotecario o la bibliotecaria encargados del préstamo, asegura Bobbi Newman. A su parecer: “lo mejor que le ha podido pasar en el proceso de préstamo de libros electrónicos, ha sido la alianza con Amazon que ha permitido que esto se pueda llevar a cabo de forma inalámbrica”.

La bibliotecaria manifiesta su conformidad por la llamada realizada desde el blog Guy LeCharles Gonzales cuando dice: “Deja de comprar libros electrónicos a cualquier precio y bajo cualquier condición. Dejemos que los editores se peleen con Amazon y cuando el polvo por fin se asiente (que lo hará) y aparezca un modelo de negocio viable (que aparecerá), comienza a negociar otra vez que aquel que todavía quede en pie”.

Mientras tanto, continua esta bibliotecaria, las bibliotecas deberían de dejar de comprar libros electrónicos hasta que haya una situación real y viable, y redirigir ese dinero destinado a los eBooks a iniciativas más tangibles en cada comunidad: “que no se me malinterprete, no creo que debamos dejar de buscar una solución o de abogar por nuestros usuarios, pero creo que deberíamos de dejar de tirar el dinero en soluciones que no son del todo buenas”.

Para finalizar, Newman ofrece una serie de enlaces a otros tantos artículos sobre la misma idea. También recomendamos un artículo sobre el préstamo de libros electrónicos en bibliotecas públicas.

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En 1935 ya había un lector electrónico.

Lector 1935

La ilustración que muestra este artilugio, fue publicada en la Revista “Ciencia y Mecánica todos los días” en 1935, que iba dirigido a hacer más cómoda la lectura, instalando el aparato en el salón de nuestra casa.

Funcionaría en base a un rollo de microfilm conteniendo libros, que serían retropoyectados en la pantalla frontal, el usuario podría ajustar el foco, la intensidad de la luz, y la posición del aparato en su conjunto. ¡No está mal para ser un dispositivo de casi 80 años atrás!

Además como accesorio, todo el conjunto iría fijado a una coqueta lámpara de pie, con la que podríamos decorar adecuadamente nuestro comedor, ignoramos si se podía elegir el color de la tulipa.

El microfilm llevaba ya unas cuantas décadas inventado desde un poco más del siglo XIX y fue una tecnología que se fue implantando por grandes empresas para almacenar información de forma reducida, sobre todo los bancos la usaron con frecuencia, hasta el advenimiento de la informática, y todavía hoy en la Biblioteca Nacional de España, es profusamente utilizada para consultar documentos y libros.

En la década de los treinta se creía que esta era la tecnología tecnología del futuro para almacenar información, pero ya hemos visto que no fue así.

Sin embargo, en 1959 se volvió a la carga sobre el uso doméstico de los microfilm y en el Chicago Sunday Tribune el Sr. Radebaugh, nos proponía una biblioteca electrónica consistente en microfilm proyectados en el techo de nuestro salón, en el que podrían leerse los libros cómodamente tumbados en unos futuristas sillones desde los que podrían manejarse el paso de las páginas y los demás parámetros ajustables del proyector.

Lector 1935 2

Y todavía hay más predicciones sobre el formato de los libros,  Thomas Edison dijo en 1911 que los libros del futuro se imprimirían en folios de niquel, y predijo que en 2011, ya no habría libros de papel, según explicaba:  ”un libro de niquel de dos pulgadas de espesor puede contener  cuarenta mil páginas, el equivalente de un centenar de volúmenes, seis pulgadas de espesor total, sería suficiente para todos los contenidos de la Enciclopedia Británica, y cada volumen pesaría menos. de una libra.”

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Una impresionante biblioteca de eBooks (caricatura)
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